Días de lluvia

Los días de lluvia son los peores.

Me he acostumbrado a un país que tiene las cuatro estaciones del año bastante pronunciadas aunque el otoño y la primavera podrían pasar más despacio.

Si en Madrid ansiaba por pocos meses de verano, por aquí ansío por los pocos meses de invierno.

La parte buena es el ruido de la lluvia al caer, el olor fresco que se desprende del suelo.

Es el acogimiento de mi habitación con los colores cálidos típicos de verano de las mantas que me cubren todas las noches.

Las flores y la geometría del edredón que me hacen pensar en primavera.

Es la certeza de que así como las medias estaciones pasan demasiado rápido en Europa, el invierno también da lugar a una larga primavera y a un largo verano en esta otra parte del mundo.

Días de lluvia tienen que ver con quedarme en casa, reflexionar y escribir.

Significa estar acompañada de una infusión y de una barra de chocolate ante el ordenador.

Los días fríos además, me hacen recordar los pueblos montañosos de alrededor y las personas que han estado conmigo durante ese momento.

No me molesta convivir con eso.

No suelo consultar esta parte de mi vida con tanta frecuencia.

Han sido buenos días hasta cierto punto.

Supongo que he vivido su mejor parte.

Los días de invierno me traen otra memoria.

Y la lluvia lleva mis pensamientos a un lugar distante de donde estoy.

Deja un comentario